sábado, 22 de diciembre de 2018

Los amantes



Corre dejando la bicicleta detrás, tirada junto al cordón de la vereda. El ruido metálico hace eco sordo "clank" y marca el inicio de la carrera. El terreno es inaccesible para el rodado, ir a pie es más que prudente, sensato. El calor salpica de sudor la cara y grandes gotas de agua recubren los párpados ardidos de sal. Llora por la piel y el agua baja por las mejillas adormecidas de sol, se esfuma cuando la gravedad la arroja al aire abrazador. El movimiento se transforma en vapor y si estuvieses quieto los bichos se harían un festín con el aire de tus pulmones y con la sangre de tú carne.


La noche se los va tragando pedazo a pedazo mientras avanzan entre penumbra y matorrales. La luz se va transformando en un suave murmullo, que se desvanece lentamente tras cortinas de nubes rosadas. El clima es inmundo y sofocante, el suelo aún emana calor y las piedras parecen brazas calientes. Aún no hay ánimos de aminorar o detener la marcha, la persecución se presta de juego para la cacería, la luna pasa por un costado y dos figuras recorren la huella con rumbo a lo incierto. Así debe ser el infierno, una representación repetida de lo que ya sabemos.


La maleza cierra el paso, si la tristeza marca el cuerpo, los pequeños raspones son testigo de ello, la vegetación furiosa cargada de espinas deja su marca cuando el camino se hace angosto. No hay reparo ante algunos elementos y ya no hay vereda, ni calle, ni casas. Estamos solos, parados frente a una inmensa mole de despojo buscando desaparecer completamente en un mar de tierra crepitante mientras nos arrancamos los ojos para no ver y la piel para no sudar. En tiempo de sequía la vertiente se llena de otros seres que desean beber.


¿Qué es lo que hace a una persona comenzar un incendio? Desde ahí, cuesta abajo, se puede ver como el poblado se incendia. Borrar las huellas debe ser fácil si de entender se trata, quizás, tenía que ser así, como soportar un sueño con un halo de moscas. Las columnas de humo se mimetizan con la oscuridad del cielo y las llamas suben. Ahora estamos sentados, uno al lado del otro, anhelando que no se den cuenta que en la cama comenzó todo.





lunes, 19 de noviembre de 2018

No sabrás nada



Levanto los brazos al cielo, 
esperando que el rayo 
caiga y me parta al medio. 

Tormenta o no tormenta, 
por mérito propio,
vivir es una molestia. 

Cuando pienso se acaba, 
lo que siento no existe, 
lo que deseo es nada. 

Lágrima o latido, 
es indistinto el sin sentido
si lo propio no alcanza. 

Se habla más de uno
en referencia a los demás:
lo que importa es el método a utilizar. 


jueves, 15 de noviembre de 2018

Esto no es lo que parece



Esto se habría convertido en algo si hubiese podido ponerle nombre. Se me escapan los suspiros por esas cuestiones que ya me parecen lejanas, extraño de extrañar y repito tanto la palabra que la rompo, pierde sentido, me resulta extraña y ya no extraño caminar por esa vereda sabiendo que las baldosas flojas me van a escupir cuando las pise, estúpido humano que osa caminar bajo la lluvia. No me importaba dejar que el barro y la mugre me pegaran en la cara con tal de verte llegar por el pasillo de ese edificio prestado, pisando mármol fino con aire perfumado. Después de haber tocado el timbre venías siempre con la cara torcida mirando sin distinguir y eso me gustaba, ver tus pies medios chuecos adelantarse uno a la vez para bajar esos tres escalones hasta abrir la puerta doble con vidrios biselados. Y en el ascensor, presionar el botón y besarte los labios hasta que nos llevara al cielo y correr por el pasillo hasta la puerta para quitarle los cerrojos. No era extraño y ya no extraño ninguna caricia, ni beso ni abrazo, aunque me falten, aunque no encuentre, aunque no busque.

Me desperté con una sensación en el pecho, dicen que en ese lugar crece con fuerza la tristeza, debo decir que esto es algo más, un sentimiento recargado, embestido por algo denso y abrumador. Luego, me di cuenta que el lugar me era extraño, que las sábanas estaban limpias, que las paredes estaban pintadas de colores que nunca hubiese elegido. Que el aire con el que se enfrían mis pies descalzos mientras doy vueltas en círculos sin respirar es muy extraño.

Algunas estanterías repletas de adornos, muertitos de porcelana, libros y estatuillas pintadas, todos esos objetos siendo testigos de mi cara de desconcierto. Puro silencio, embebido de vaya a saber que sustancia. Un poco trágico, pero depende de la condición propuesta, de la disposición potente, en la que está enmarcada en la puerta esa figura recortada entre luces provenientes de otro lugar y por un momento la puedo reconocer, estás ahí parada, sin decir nada, supongo que me ha venido a visitar sin que se lo pidiera. La angustia me invade y no puedo hablar, ni gritar, ni decir todo lo que siento, mi boca está sellada, mis manos atadas y doy vueltas en circulo buscando un significado para el deseo sostenido en el tiempo.

He vuelto a soñar lo mismo diez veces y todo lo que veo es ese reino partido en dos que no deja de sangrar posibilidades más allá de lo que imagino, mi cuerpo se separa de la mente, vuelvo a viajar, estoy aquí y pienso mientras leo las paginas mi diario buscando algunas palabras perdidas, que el clima no acompaña, el frío me empaña y tengo que recurrir al café para espabilarme, a innumerables tazas de café, más de cien para sacarme el sabor a insomnio de la piel.

sábado, 10 de noviembre de 2018

Lección de mago bipolar



Ni dios ni demonio,
en el medio a la mitad, 
fiel al instinto de las tripas, 
donde la razón del mundo
no se practica.

Bajar es la misión,
siempre elegida cabalmente,
ser pequeño y grande:
esconderse sin guarecerse
de todos a la vez.

Escondite de puertas oscuras, 
separado del tumulto, 
vuelta carnero para atrás, 
me voy, se va.

Entonces, 
cuando salgas finalmente,
tú ciudad 
habrá desaparecido.

Con la luna de testigo, 
a menudo, 
poder oficiar de loco, 
de descarriada cabrita, 
también es sagrado.

No existe receta para aprender, 
la magia está ahí 
donde no la podés ver:

obrar milagros es sencillo
también 
difícil a la vez.

lunes, 5 de noviembre de 2018

Felinos seniles



La intrascendencia
se parece bastante al destino.
Y miro tú cara sin saberlo,
pero espero que esa estrella,
me lleve lejos.
 
Pido deseos que no se cumplen,
realizo tareas que no existen,
no hay manera de dar la vuelta
cuando el campo es yermo.

Sin punto de referencia
estando la puerta abierta,
me ubiqué para detonar
la mente despierta.

Si es de noche, los gatos
maúllan canciones amorosas,
sino puedo dormir siempre
puedo echarles la culpa.

Sus ojos son estrellas fugaces,
y los pájaros no cantan
porque tienen miedo,
lo perderían todo si supiesen 
que le faltan orejas, uñas y dientes.







jueves, 25 de octubre de 2018

El niño cabra

MeeEeeh!


Estamos planeando grandes cosas y nada se puede escapar, el detalle mínimo tiene que estar al resguardo de los dedos fisgones que buscan las grietas, los pequeños espacios abiertos en la realidad por donde se fuga la materia orgánica que mueve los engranajes. MieEeeEeh mierda. Si existe, que no se note.

Nada puede escapar.
El mismo pensamiento
nos deja un poco de aire para respirar.
Hemos puesto el alma lejos del ecuador:
las formas de la desesperación,
toman fisionomías diversas.
 
Las matemáticas nunca fueron un Fuerte, las cuentas y los antagonistas, envidiables e indivisibles se congelan formándose cristales a su alrededor. Las medidas innecesarias como forma de comprender la razón. Diminutas puntas brillantes que se proyectan al cielo. Los pequeños resplandores hacen que la vista caiga directa sobre ellos. El resto pretende pasar desapercibido y en el vapor que se desprende del suelo se elevan las almas que tienden al cero absoluto, junto a la sensación de excitación, se esfuman para siempre.  


Aquí no hay premeditación, sucedió como se suceden los días y la naturalidad fue la consorte perfecta en los altos pastizales. Aquí no hay dramatismo alguno, no nos vamos a hacer caso ni a tomarnos enserio. Estamos al resguardo, ni siquiera nosotros mismos podemos hacernos daño. Aquí podemos yacer al amparo de nuestra subjetiva mirada. Quizás solo baste con respirar lentamente, a la mañana nada va a pasar, a la tarde nada va a pasar, a la noche nada va a pasar, así mediamos el tiempo en ese lugar.  

MeeEEEeeh!

Un frasco vacío, es lo que es. Me resulta inevitable no pensar, que cuando no había mucho que decir, sin cavilaciones, tomó la determinación y dejó el misterio, el terrible despojo sincero. Quizás se fue con el temor que tienen los hijos al crecer, el de la incertidumbre despues de la siesta. Para que mi cara no le recordara de lo que huye. Huye de lo que no puede controlar y prever, será que el cálculo es la matriz de esta doble hélice maldita. Sujétate de mis cuernos y vámonos otra vez de este lugar que estoy aburrido.  


MeeeEh!